Columna del Éxito 

 

 

      

 

Me entregué

 

Sucedió en ocasión de celebrarse los ejercicios espirituales de este año dirigidos especialmente a los padres de familia. Asistieron lo mismo parejas que viudos(as), madres solteras e incluso hombres y mujeres abandonados por sus parejas.
El párroco del lugar invitó a todos aquellos que tuviesen en sus manos la necesidad de dar ejemplo a las nuevas generaciones, estuviesen en cualquier estado civil, pero que su interés fuese oír experiencias y compartir su problemática.
La asistencia fue numerosa y el interés se manifestó desde el primer momento. Todos los participantes crearon un ambiente de camaradería y ayuda que nunca se había dado en esta serie de ejercicios.
La primera parte era hablar de la Palabra de Dios y de cuantas teorías católicas se presentaban sobre el caso. Luego, la segunda parte, se compartían experiencias y con plena libertad, la falta de fe, los odios y las formas equivocadas de educar, enseñar y amar se pusieron de manifiesto.
Nos conmovieron tres intervenciones: la primera de una madre soltera que tenía una hija de 16 y otro hijo de 14 años. Estaba desesperada porque además de trabajar todo el día no podía saber de las amistades y salidas de sus hijos, que ya empezaban a probar cosas inadecuadas. Nos habló que las charlas con sus hijos sólo versaban sobre sus necesidades e incluso ellos sólo pedían y nada daban. La casa era atendida por la madre así como todos los caprichos de los hijos, ya que si no eran cumplidos amenazaban con irse, dejarla y que nunca más supiese de ellos. Esto no la dejaba vivir. Uno de los asistentes le propuso un mejor trabajo y con mayor ingreso, incluso con descansos que le permitiesen estar con sus hijos. Una pareja asistente se comprometió a visitarlos y con sus hijos, llevar a los chicos por otros caminos. Las ofertas se presentaron y al final la mujer llorando de alegría tan sólo dijo: "Me faltaba fe para pedirle a Dios su ayuda".
El siguiente caso fue de una pareja que vivía separada y cada uno se había llevado a dos de los hijos. Estaban presentes pero en lugares distantes. El párroco que sabía del caso puso atención para que no faltasen. El mismo párroco provocó que la esposa interviniese y comentase su problemática. Cuando empezó a hablar sus palabras fueron de pedirle perdón a su esposo por la falta de atención y por no querer escucharlo en su tiempo.
De igual forma se deshizo en halagos para su cónyuge y en el amor que le profesaba así como el dolor que le provocaba no estar con todos sus hijos, una palabra fue clave: "Mi amor por ustedes se parece al amor de Cristo por la humanidad, daría hasta mi propia vida".
Apenas terminó el esposo corrió tras ella y alzando la voz pedía a ella y a la comunidad le perdonasen la falta de comprensión. El silencio selló esa unión.
La última intervención fue general, todos unidos de las manos y luego con verdaderos abrazos entre nosotros alabamos a Dios para pedirle mayor fe, cantábamos y nos abrazábamos y dábamos nuestro corazón. El párroco sólo dijo: Aquí el amor reina.
AUTOR: ENRIQUE ZENIL NOGUEIRA


¡HASTA PRONTO! 

Esta columna está hecha gracias a los escritos que nos envían personas como tú. Si deseas que se publique un escrito envíalo a:
Comentarios benjamingalvan@yahoo.com.mx